ACTA
DE FUNDACIÓN DE LA CIUDAD DE CASTELLÓ
Manuel
Carceller Safont
En
la época ibérica, en tiempo de Roma y siglos después, durante la dominación
musulmana, los núcleos urbanos significativos de la Plana siempre estaban
situados de forma dispersa, al sur del río Millars. Borriana y Onda, en la zona
más ancha de la comarca, eran las dos poblaciones que delimitaban el eje dónde
confluían las principales comunicaciones que atravesaban la Plana. Pero con el
proyecto de nueva sociedad, que se impulsa a partir de la conquista del monarca
Jaume I, la lógica geográfica obedecerá a necesidades distintas; y Castelló,
una villa de nueva planta, construida en un sitio estratégico y con un acceso
directo a las tierras altas del Maestrazgo y del Alcalatén se convierte en una
ciudad clave.
Tras
el periodo de dominio sobre las tierras de Castelló del conde Nunó Sanç -que
duró hasta septiembre de 1242-, dónde por primera vez en nuestra historia
medieval tenemos documentado un proyecto político de colonización cultural,
-sustituir la población vasalla de mudéjares por cristianos-, el rey recuperó
el señorío de Castelló durante unos años. En agosto de 1244, estando en València,
Jaume I permutó con Pere de Portugal el condado de Urgell y el señorío del
denominado reino de Mallorques, que este infante tenía a su poder, por los
castillos de Morella, Castelló, Segorbe, Almenara y Morvedre, -el actual Sagunt-,
que de esta manera dejaban de ser villas reales.
El
infante Pere de Portugal era hijo de la princesa Dolça de Barcelona -hija de
Ramon Berenguer IV- y del rey Alfonso de Portugal. Mantenía por lo tanto un
parentesco paralelo al de Nunó Sanç respecto a Jaume I: los dos eran tíos del
rey. Pere de Portugal era un personaje con fama de inquieto y aventurero, que
había llegado a la corte real en 1228, según afirma el doctor José Sánchez
Adell. Influenciado por la opinión del monarca, el infante contrajo matrimonio
con la condesa de Urgell, que de esta manera le cedió la autoridad sobre aquel
territorio. Por premiar la participación del noble portugués en la conquista
de Eivissa, en septiembre de 1231 Jaume I le concedió en feudo el reino de
Mallorca. Pero la polémica administración del infante en las Balears, y también
sus maquinaciones rebeldes contra el rey, decidieron a Jaume I a proponerle el
intercambio de dominios que hemos comentado, de suerte que el portugués tan sólo
conservara las sus posesiones en Eivissa.
Sublevación
mudéjar
En
el momento de la conquista, el recién creado reino de València estaba poblado
por una mar de musulmanes. Seguramente a Castelló los cristianos se habían
limitado a ocupar militarmente el castillo de la Magdalena, esperando una futura
iniciativa de repoblación en masa. En este periodo de incertidumbre, a mediados
de 1247 se produjo la sublevación de los sarracenos, capitaneados por al-Azraq,
un caudillo con influencia en la zona valenciana más meridional -entre Xàtiva
y la frontera de Biar- que había firmado un pacto de vasallaje a Jaume I. Se
trataba de una amenaza para la consolidación de la conquista, y el rey decretó
drásticamente la expulsión de todos los musulmanes de las tierras de realengo,
administradas en nombre de la corona.
Ante
la presión coercitiva el recurso que les quedaba a los mudéjares era la
emigración y el repliegue hacia las zonas más rurales y apartadas.
Especialmente, los moros de la Plana se refugiaron en la Serra d’Espadà dónde
se fortificaron y, favorecidos por el infante Pere, resistieron durante dos años.
El mismo Pere de Portugal alentó esta resistencia musulmana, porque consideraba
que este decreto de expulsión de la población agrícola perjudicaba los
intereses de sus tierras. Jaume I, haciendo valer su autoridad, y obviando el señorío
del infante, decidió hacer cesiones de tierras a los colonos cristianos.
El
infante Pere buscó una alianza contra el príncipe heredero, el futuro Pere II
el Gran, para actuar contra el rey que, como reacción, confiscó a mediados de
1249 los castillos que tenía en feudo el infante rebelde -Morella, Segorbe,
Morvedre, Almenara y Castelló-, y convocó una comisión de jueces en las
Cortes de Alcañiz, para que emitiesen un veredicto.
Podemos
suponer que Jaume I quería entonces alejar a Pere de Portugal de las tierras de
Castelló y, buscando una solución diplomática, propuso a su esposa, Violant
de Hungría, resolver la disputa. El 24 de febrero de 1249 la reina Violant
-asesorada por el arzobispo de Tarragona, el obispo de Valencia y el
lugarteniente real Ximén Pérez d’Arenós-, dictó un laudo arbitral, dónde
dictaminaba que el infante Pere de Portugal percibiría un indemnización de
100.000 sueldos, a cambio de aceptar la presencia de una guarnición fiel al
monarca en los castillos de Morvedre, Almenara, Segorbe y Castelló, de los qué
el infante disponía como feudos, mientras durara la guerra con al-Azraq. Además
tenía que respetar como hecho consolidado, el poblamiento promovido por el rey
en todos aquellos sitios. Este documento ponía las bases, de hecho, del final
del señorío del infante Pere sobre Castelló. Es a partir de entonces -tal y
como ha explicado el profesor Sánchez Adell- cuando encontramos documentada la
donación de casas y tierras en el llano del futuro Castelló.
El
traslado: historia y leyenda
El
doctor Sánchez Adell caracteriza esta corriente repobladora de la Plana como
formada mayoritariamente por catalanes, "procedentes del Pallars y otros
sitios del Pirineo", y también por aragoneses. "Entre el 26 de marzo
de 1249 y el 5 de enero de 1250 tienen sitio las donaciones, aunque es fácil
concebir que la repoblación empezó con anterioridad". Fue entonces,
cuando la guerra contra los mudéjares había acabado, y el castillo de la
Magdalena había quedado reducido a una función de representación oficial, el
momento en qué se establecieron treinta colonos en la alquería de Benarabe -de
los treinta y uno que figuraban en el reparto-, que se convirtieron en el núcleo
originario de la nueva villa de Castelló. Con la licencia del traslado,
otorgada el 8 de septiembre de 1251, Jaume I no hacía más que formalizar la
que era una naciente realidad. Ese es el fundamento histórico de la conmemoración
del 750 aniversario de la fundación de la ciudad que el Ayuntamiento de Castelló
está llevando a cabo.
El
rey autorizaba a Ximén Pérez d’Arenós, lugarteniente en el reino de València,
para cambiar la ubicación de la villa "a cualquiera sitio que os parezca
dentro del término del mismo castillo de Castelló", concediendo
franquicias, es decir libertades sociales, a sus pobladores como la exención
fiscal, "perpetuamente francos y libres, sin ningún censo, tributo, uso,
servicio y cualquier otra exacción". Justamente ese año, el 1251, acabó
el pleito con Pere de Portugal y Jaume I recuperó la posesión de los
castillos. El historiador Manuel Betí supone que Castelló fue encomendado por
un tiempo a Ximén Pérez d’Arenós, fiel hombre de confianza del rey. Mossén
Betí intenta buscar una justificación histórica al origen de las fiestas de
la Magdalena.
Así
cuando explica las primeras donaciones de casas y tierras en el llano
castellonense, promovidas en 1249 por iniciativa de Jaume I, explica: "Esto
debió suceder por marzo. Ved aquí el hecho originario de la fiesta de la
Magdalena y de su típica procesión". Esta justificación no responde a
los hechos históricos pero, paradójicamente, la romería de la Magdalena
expresa, con una fidelidad sorprendente, la esencia de la realidad histórica,
el reencuentro colectivo de una ciudad con sus orígenes.
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